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2019-03-22   14:21:53  
VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DE LA INTERVENCIÓN DEL CONSEJERO PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL ELECTORAL, LORENZO CÓRDOVA VIANELLO, DURANTE LA INAUGURACIÓN DEL SEMINARIO LOS ESTADOS EN 2018. CONTEXTO FEDERAL Y DESAFÍOS EN LOS PROCESOS LOCALES, REALIZADA EN EL LOBBY DEL AUDITORIO DEL INE
Muy buenos días tengan todas y todos.

Rosa María bienvenida a esta que es tu casa y, además, no solamente bienvenida, sino muchas gracias por confiar de nueva cuenta en el Instituto Nacional Electoral para coorganizar, de hecho, hay que decirlo, para poder participar así, mejor en este seminario, que ya ha cobrado carta de naturalización y que, tiene la virtud de, en un ámbito académico, generar sinergias entre instituciones electorales, el Instituto Electoral de la Ciudad de México, que reiteradamente ha formado parte de este ejercicio.

Es natural, tú fuiste consejera de ese instituto en algún momento, pero celebro mucho que siga siendo uno de los socios de los aliados para que esta iniciativa se pueda repetir.

Y por supuesto, al Tec de Monterrey, ya mencionabas a la Facultad de Ciencias Políticas de la que eres parte y destacada integrante de su claustro académico.

Pero lo que quisiera es simple y sencillamente señalar, tengo además el privilegio de volver a participar, de haber sido invitado de nueva cuenta para participar, así que no quiero hacer reflexiones de fondo, las dejo para, digamos, no esta parte protocolaria, sino más bien, para la parte más sustantiva.

Pero sí creo que vale la pena anticipar algo y creo que en este contexto este seminario, pues que ya es permanente de facto, aunque tiene una temporalidad acotada, a un par de meses en esta itinerancia que, además, creo que es virtuosa, hacer algunas reflexiones, que creo que son importantes como punto de partida.

Creo que este es un observatorio fundamental para poder, a lo largo de sus distintas ediciones, ir monitoreando y dar cuenta, a ver, dar cuenta del proceso reciente de consolidación de nuestro sistema democrático.

Creo que este es un espacio privilegiado para reiterar que, a pesar de que hay muchos modos de ver la historia, y en una sociedad tan plural y tan diversa como la nuestra, evidentemente hay muchas visiones del mundo, visiones de la democracia y visiones de nuestra historia reciente. Pero desde mi punto vista, y eso se vale, y no solamente se vale, sino que es pertinente que ello ocurra porque alimenta, más allá de los cambios políticos una reflexión sobre los mismos.

Pero se ha venido generando, lo que desde mi punto de vista es una visión, no sólo maniquea, eso es lo de menos, sino una visión unilateral de una historia compleja, de una sociedad compleja que procesa democráticamente esa complejidad y ese pluralismo el que en México llegamos a la democracia el 1° de julio pasado.

Y es una visión, me parece, entiendo, digámoslo así, la lógica en la que se plantea, pero es una visión que es, no solamente parcial, sino, creo equivocada, si se toma en cuenta que lo que ocurrió el 1° de julio, desde mi punto de vista, por supuesto, y creo que es la interpretación correcta en este sentido, no es que hayamos desembarcado en la democracia, si no que el 1° de julio constatamos que las reglas del juego democrático, que las condiciones para que pudiera ocurrir lo que ocurrió el 1° de julio ya estaban dadas.

Es decir, creo que el 1° de julio es un punto, una estación, no es, sin duda, no es terminal, pero una estación adicional que constata la ruta y los cambios que se habían venido poco a poco gestando y construyendo en los años anteriores.

Y creo que concretamente, desde hace cinco años habíamos visto ya una serie de fenómenos que se estaban presentado y respecto de los cuales el 1° de julio de 2018 no fue otra cosa sino la constatación de que los mismos, efectivamente, estaban ocurriendo y formaban parte ya del paisaje natural, digámoslo así, o definitorio de la democracia, del sistema político mexicano.

Y me refiero al fenómeno de la alternancia, desde 2015 hasta 2018, estos cuatro años, digámoslo así, que por cierto coinciden, no estoy diciendo que haya una relación consecuencial, pero coinciden con la instalación del sistema nacional, con la constitución del Sistema Nacional de Elecciones, vivimos en el país algún punto de vinculación y alguna causa-efecto, la hay. No estoy diciendo, no me gustan a mí los determinismos, y no quiero decir que esa sea la razón por la cual estos fenómenos ocurrieron, pero el dato es que –insisto- ocurrieron justo en este periodo, justo cuando tenemos a un Instituto Nacional Electoral que participa de los procesos locales, junto con los Organismos Públicos Locales, cuando tuvimos un mecanismo de fiscalización; es decir, no solamente de rendición de cuentas, sino también de generación de condiciones de equidad nuevo.

Cuando tuvimos, digámoslo así, una visión mucho más clara, mucho más amplia, desde lo nacional, respecto de lo que estaba ocurriendo en las distintas elecciones locales. Lo que sí es cierto es que en este periodo ocurre el mayor número de alternancias en nuestra historia. Los cuatro años de procesos electorales, 2015, 16, 17 y 18 y, probablemente 2019 se sume a esta tendencia, habrá que ver; en el INE no se hacen futurismos para la próxima edición del seminario podemos decir si sumamos o no 2019 a esta secuencia, el punto es que en estos cuatro años hemos tenido el número de alternancias, a nivel federal y a nivel local, y con esto quiero decir en el ámbito de los municipios, en el ámbito de las diputaciones locales, en el ámbito de las gubernaturas, en el ámbito de las diputaciones federales, en el ámbito del Senado y, bueno, en la Presidencia de la Republica, pues por tercera vez en cuatro elecciones presidenciales, ocurre un fenómeno de alternancia del que se han beneficiado todas las fuerzas políticas, no hay un sesgo hacia un lado.

Y a ver, evidentemente lo que ocurrió en 2018 es una fuerza mayoritaria que arrasó en prácticamente todas las elecciones que se realizaron. Sí, pero no es la misma que había ganado en 2017 y no es la misma que había ganado en 2016 y no es la misma que había ganado en 2015; lo que quiero decir es que el fenómeno de alternancia es un fenómeno que está allí y que beneficia a cualquiera de las fuerzas políticas que contienden y eso nos demuestra, desde mi punto de vista, dos cosas, con esto quiero cerrar como reflexión detonadora, pero creo que es importante porque este es un espacio, repito, privilegiado para que este tipo de reflexiones puedan plantearse o discutirse, y eso fue posible gracias a dos cosas, desde mi punto de vista, al menos.

A que tenemos un sistema electoral complejo, bizarro, en ocasiones rebuscadísimo, hiperregulado en muchos temas, pero tenemos un sistema electoral que sirve para generar las garantías que permitan, digámoslo así, una contienda equilibrada y, consecuentemente, que lo que define a una democracia esté presente entre nosotros desde hace muchos años. Y me refiero a la posibilidad de la alternancia, creo que sería un error conceptual incluso, identificar a la democracia con la alternancia.

Democracia no es alternancia, al menos no necesariamente; lo que es democracia, es que existan las condiciones reales, para que eventuales pueda ocurrir la alternancia, si la alternancia ocurre o no, es un asunto que deciden los electores con su voto en las urnas, pero que existan las condiciones para que así lo deciden los electores, si deciden provocar un cambio en el gobierno o en quien ocupa un cargo público pueda ocurrir, eso sí es lo que hace la democracia, la posibilidad real de la alternancia y éste es el primer dato que quisiera señalar, gracias a la construcción institucional y procedimental normativa que se ha venido realizando en el último cuarto de siglo en nuestro país, ha generado condiciones para que pueda haber alternancia y es una realidad entre nosotros.

Y por el otro lado, lo que me parece esto refleja o revela, es que, en México, más allá de los grandes problemas nacionales que nos aquejan, la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la impunidad y la inseguridad, que todos ellos influyen nocivamente en todos los ámbitos de la vida social y de la vida pública, incluido el ámbito electoral, pero no son provocados por el ámbito electoral, más allá de eso, más allá de esas condiciones perniciosas, que permiten que prácticas, por ejemplo, antidemocráticas como las prácticas clientelares, fenómenos de compra y coacción del voto que nadie puede negar que no existan, en realidad lo que nos demuestra también lo que ocurre en estos años, es que sin dejar de lado este tema eso no es lo que determina las elecciones.

Si en México fuera cierto que los resultados electorales dependen de quien tiene más dinero en la contienda electoral, de la compra y la coacción del voto como se dice, entonces no habría ocurrido lo que ha ocurrido en los últimos cuatro años de elecciones.

La alternancia es por su propia definición la negación al hecho de que los resultados están predeterminados a partir de la compra del voto y de las prácticas clientelares que por cierto son transversales a todas las fuerzas políticas, no hay una sola fuerza política, no hay una fuerza política que no despliegue prácticas clientelares, es casi inevitable en un país con la pobreza y la desigualdad que tenemos, es esa pobreza y desigualdad ominosa, es prácticamente una invitación a que quién detente el poder y tiene en consecuencia posibilidad de ejercer o de establecer programas sociales a nivel federal, a nivel local, a nivel municipal, esté tentado a uso político de ellas.

Por eso es, por cierto, particularmente relevante, creo yo, pero yo no le voy a hacer, ni le voy a dictar línea a los periodistas, porque como se ha reiterado aquí hay libertad de prensa, se ha conquistado y hay que mantenerla, por eso es particularmente relevante, el acuerdo que tomó ayer el Consejo General, a propósito de las condiciones de imparcialidad, de las condiciones, digamos de actuación que tienen que seguir los funcionarios públicos, de las condiciones con las que tienen que operarse los programas sociales durante los proceso electorales, y también de las condiciones con las que se tiene que operar democráticamente, que no es otra cosa sino, con apego a lo que dice la constitución la propaganda gubernamental.

Pero vuelvo al punto, más allá de que prácticas clientelares y eventuales, pues ahí están las denuncias que se han presentado, intentos de manipular, de incidir indebidamente en el voto de las y los ciudadanos, en México si algo nos constatan las elecciones 2018 y las de 17, y las de 16, y las de 2015 es que eso no es lo que determina los resultados electorales.

Ni es cierto que el que más dinero tiene, ya me estoy metiendo a la parte que, bueno, iba a ser una parte protocolaria, pero ofrezco una disculpa, pero esto es parte de lo que presentaré después con gráficas y con más datos en mi exposición, si fuera cierto que quien más dinero gasta en una elección es quien la gana no habría ocurrido lo que ocurrió en 2018. Quien ganó la elección fue la fuerza política que menos recursos ejercicio en esa campaña electoral. Excluyendo al candidato independiente.

Y también es una falacia suponer que en México los ciudadanos no están suficientemente empoderados para ejercer su voto de manera libre. Por eso es que hubo alternancias.

La alternancia supone que quien detenta el poder lo pierde a través del voto, y eso supone que el ejercicio del poder no es consecuentemente lo que determina los resultados electorales. En México quien determina los resultados electorales son las y los ciudadanos que tienen condiciones para ejercer libremente su voto, y que han hecho de su voto no solamente el mecanismo para elegir a quien lo va a gobernar, sino también, como ocurre en una democracia con un grado de madurez suficiente, para poder juzgar, y en este sentido premiar o castigar las acciones de gobierno.

En 2000 se hablaba mucho del voto de castigo como una de las razones que produjo la primera alternancia en la Presidencia de la República. Pues díganme ustedes cómo hay que interpretar el voto de la mayoría de las y los mexicanos en 2018, sino como un voto de castigo a una serie de políticas públicas que no habían resuelto los problemas fundamentales, repito, que son los cinco grandes problemas que había mencionado.

Hoy los ciudadanos, y eso es una advertencia para todos los gobernantes, con su voto ya están suficientemente empoderados, no solamente para decidir libremente quien los va a gobernar, sino también para premiar o para sancionar las gestiones públicas que consideran o correctas, o incorrectas.

En suma, creo que este es un espacio sumamente importante que nosotros no solamente abrazamos y agradecemos como co-participantes, sino creo que es un seminario que en los tiempos que corren para poder entender la vertiginosidad de los cambios que están ocurriendo es indispensable como un asidero conceptual para poder, insisto, cumplir la función que tiene que cumplir la academia, que tienen que cumplir las universidades.

Y en las cuales los órganos electorales como el Instituto Electoral de la Ciudad de la Ciudad de México y el Instituto Nacional Electoral estamos comprometidos, que es acompañar en términos del diagnóstico, análisis y también generación de contextos de exigencia a quienes estamos desarrollando una función pública en un contexto, insisto, muy complejo, novedoso en muchos sentidos que implica, digámoslo así, que ésta es una sociedad en cambio, en un proceso de cambio , en un proceso de transformación, pero que no debe olvidarse no solamente de dónde viene, sino cuales son las premisas básicas que nos permitieron llegar aquí y que son la condición para que la democracia se siga recreando en nuestro país.

Muchísimas gracias Rosa María. Es un honor tenerte aquí, y cuenta con que éste será no solamente un aliado sino un espacio permanente para que este seminario continúe en ediciones posteriores rindiendo frutos.

Muchas gracias.

-o0o-

NTX/IFE

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