Fotorreportaje
¿A quién le importa?
Noche de diversidad en República de Cuba.



Fotografías: Adrián Rocha
Texto: Cristian Carlos.



La calle de República de Cuba en la zona Centro del Área Uno de la Ciudad de México se encuentra tranquila. El día ha transcurrido con normalidad. Hoy es jueves y lo que viene después también es normal, la única diferencia es que se espera una verbena que comienza a tomar forma después de las 18:00 horas hasta el domingo por la madrugada.
Dicha avenida comienza a llenarse lentamente. Es un electroimán que va encendiéndose y atrae a la gente, principalmente en la esquina con Callejón del 57.




Más de 2 mil personas por noche, repartidos en más de cinco sitios dispuestos a recibir a la comunidad LGBTTTI, se dan cita a una cuadra de donde empieza la calle República de Cuba. Allí es donde comienzan a sentirse seguros, luego de que Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana, una organización sin fines de lucro, diera a conocer que fueron cometidos cerca de 473 homicidios por odio en contra de la comunidad LGBTTTI durante el sexenio pasado.




Ahí es la cita. Lo saben desde la semana pasada y esperaron a la quincena para ir a gastarse parte de ella en los sitios que se encuentran uno frente a otro. Se escucha hablar de un sitio que al que le llaman «El Marra» y en frente se hace fila para otro que llaman «La Puri» o «Puri», donde se dan cita.




La intención es ir a bailar en cualquiera de las dos. En ambos hay música a volúmenes soportables. «Va a gustarte, la música es buenísima», se escucha en una conversación entre dos amigos. Se hace evidente que uno de ellos jamás estuvo en este lugar. No puede creer que haya tanta gente formada y los antros están a punto de abrir. Se pone nervioso. Quiere irse.




Poco después de las 18:30 horas, las drag queen –las reinas del lugar– de La Purísima salen al Callejón del «Callejón del 57» a animar al público que en pocos minutos estará aplaudiéndoles su «producción» –como lo llaman ellas–: el maquillaje de tres horas, las pelucas debidamente peinadas, los trajes de gala con plumas y lentejuela, y por supuesto tacones de altura admirable. Ellas mismas son una fiesta por sí solas.




Una de las drag empieza a poner orden en la fila: «La Puri» está a punto abrir. Son casi las 19:00 horas. Se escuchan, desde la calle, las primeras canciones, . Aumenta la expectación. Hay quienes empiezan a bailar y a cantar en plena fila… no les importa. La fila ha crecido tres veces su tamaño. Hay quien decide no formarse y pasar directamente al «Marra», para entrar en calor y tomar las primeras cervezas. Y bailar porque, más al rato, no habrá hueco en ningún sitio.




Es indispensable contar con un documento oficial para registrar la entrada y, en esta regla, no hay excepciones aunque las personas puedan comprobar de sobra su mayoría de edad. «Lo sentimos, no puedes pasar», se escucha al frente de la fila. Identificarse es el primer filtro, la exhaustiva revisión hacen que la comunidad se sienta más segura. Por eso no faltan a República de Cuba, el espacio les hace sentirse seguros y, si alguien llega a importunar en un espacio muy reducido para moverse, el caso del «nuevo corredor gay» –según Lola, una drag queen del Marra– es único: se escuchan las palabras «por favor, disculpa, gracias, con permiso». «No hay problema, no te preocupes, no pasa nada», responden. Aquí no ha pasado nada.




Así transcurre la noche: entre cervezas de 20 pesos, cigarros sueltos de a cinco, lentejuela al por mayor y muchas horas por delante. Personas que saltan de sitio en sitio buscando la mejor mezcla de música, la promoción que no han aprovechado, el cóctel que les hace falta probar, la canción que todavía no ha sonado y que todavía no han cantado hasta agotárseles el aire, la selfie perfecta de la noche.




Buscan a sus amigos, buscan encontrarse entre ellos incluso sin haberse conocido, buscan sentirse pertenecidos a un lugar, donde nadie les mire como en el resto de la ciudad. Donde las personas, por el simple hecho de existir, sean más relevantes que su apariencia, que sus preferencias. Movidos, encima de cualquier cosa, por el amor… y, si está bien, por el alcohol, la música y el contacto físico. Sintiéndose orgullosos por ser diferentes en un país en busca su reconocimiento. Esta vez tiene mayor significado de su existencia: «Ser es resistir».