Fotorreportaje
Huérfanos por feminicidios,
víctimas invisibles de la violencia

Han pasado más de dos años y medio desde que Verónica Guadalupe fue asesinada por su esposo, Luis Ángel Reyes, y su hijo, el pequeño Rodrigo quedó al cuidado de sus abuelos maternos.



Fotografía: Susana Gil
Texto: Carlos Trejo




Apenas tenía tres meses de nacido cuando el cuerpo de su mamá, una joven de 21 años de edad, recibió 17 heridas por arma blanca y golpes de un tabicón antes del mediodía del 6 de julio de 2017. Después fue abandonado sobre una calle de terracería de la comunidad San José El Vidrio.




Desde esa localidad perteneciente al municipio Nicolás Romero, Estado de México, el señor Jesús Benítez Estrada recuerda que el bebé gritó y lloró durante largo tiempo el día en que falleció Lupita. Enseguida evoca: "Gracias a Dios logramos salir adelante y alcanzar justicia" porque al agresor de su hija le dictaron una sentencia de 62 años, una de las condenas más altas por feminicidio en la entidad.




Dos Jesús dice que si bien el menor vive con su familia materna aún sigue vigente la lucha para quitarle la patria potestad a Luis Ángel y después continuar con lo pertinente ante el Registro Civil y el niño pueda gozar plenamente de sus derechos.




La violencia en México ha propiciado que niñas, niños y adolescentes queden en condiciones de orfandad, abandono o en situación grave de vulnerabilidad durante los últimos 15 años, advierte Jaime Rochín del Rincón, extitular de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV).




Incluso, argumenta, muchos de ellos corren el riesgo de terminar en albergues, centros o casas hogar. "Los menores han sido víctimas indirectas de la violencia y son revictimizados y abusados en algunos de esos lugares, precisamente por la falta de cuidado del Estado", insiste.




El Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) estima que en México hay más de tres mil niños en esa situación. "Algunos de ellos no sólo perdieron a sus madres, sino que también vieron cómo las mataron", acentúa María de la Luz Estrada, coordinadora ejecutiva del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF)




Ana Celia Chapa Romero, profesora e investigadora de la Facultad de Psicología de la UNAM, comentó a Notimex que estos menores suelen mostrar culpa, miedo, tristeza, depresión, aislamiento, trastornos del sueño y conductas antisociales. "El tiempo de atención es muy importante porque hay mayores secuelas y son más difíciles de tratar"




El abogado de la familia Benítez expone que sólo han recibido una beca académica y un botón de pánico (dispositivo móvil) como apoyo para Rodrigo después del asesinato de su madre. “Es una beca a la que tiene acceso cualquier niño del estado, sea o no víctima indirecta de un feminicidio, y el botón de pánico es inservible en su comunidad porque es insuficiente la señal de la compañía telefónica que provee el servicio", apunta.




"A los hijos de los feminicidios el gobierno todavía no los visibiliza. No le dan la importancia a lo que a los niños les produce no tener a su madre", resalta el señor Jesús, quien muestra su preocupación por el futuro del pequeño Rodrigo.