Fotorreportaje
Sororidad: la fuerza de las mujeres

La Real Academia de la Lengua Española define la “Sororidad” como la relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento. Y es que recientemente este concepto ha cobrado significado y forma cuando vemos la unión que se expresan las mujeres cuando alguna ha sido violentada, agredida, asesinada.



Fotografía:
Olivia Aviña, Quetzalli Blanco, Susana Gil, Paola Hidalgo, Karen Melo y Romina Solis
Texto: Yaremi Escobar




Pero la sororidad va más allá de la combatiente lucha contra la violencia de género que todos los días agobia a mujeres en México y el Mundo, es el apoyo económico o moral en situaciones complejas, es el respaldo en la maternidad, es la búsqueda de mecanismos legales que protejan su integridad, derechos humanos y vida, es ganar igualdad de condiciones sociales, laborales o de estudio.




Durante las recientes manifestaciones realizadas en la Ciudad de México y otras entidades del país, la sororidad de las mujeres se ha puesto de manifiesto para exigir justicia a los miles de feminicidios de niñas y mujeres. La voz de muchas se ha unido en un ensordecedor: “Ni una más”.




Porque ahí, donde las autoridades y la sociedad se han mostrado indolentes e indiferentes a las agresiones constantes contra las mujeres, la luz al final del túnel han sido las propias mujeres. Las madres, hermanas, hijas, amigas y compañeras de quienes ya no están, han sido los pies que llevan las denuncias y realizan las búsquedas, son quienes hablan por las bocas silenciadas, son las que llevan en el pecho la consigna de sacudir conciencias.




Tan sólo en enero del 2020, en México murieron 10 mujeres por día, una cifra difícil de digerir sobre todo porque entre los casos ha habido niñas, una edad donde la inocencia, el juego y el aprendizaje debe ser el común denominador, no la violencia.




Después del hartazgo, de tener nombres de mujeres en titulares de notas rojas o engrosando listas de personas desaparecidas, no queda de otra más que la exigencia, el clamor de justicia y el anhelo de paz. Por eso marchan, por eso se manifiestan en ministerios públicos o hacen guardias en fiscalías, por eso cantan frente a Palacio Nacional.




Las mujeres han demostrado su fuerza, que se mide en el número de adecuaciones legales para protegerlas, en las estrategias para combatir la inseguridad que viven, en la construcción de redes de apoyo femenino, en las condenas a feminicidas, en los espacios ganados donde, por costumbre o norma, se mantenían sólo hombres. Pero aún falta, esta lucha apenas ha empezado.




Las mujeres se han visibilizado por sí solas, le pusieron nombre y apellido a las víctimas, se han convertido en investigadoras de sus propias tragedias, se han apoyado entre ellas, se han acompañado.




Hoy las mujeres están cambiando su historia, para que no vuelvan a prender una vela a una de ellas, para jamás pedir que se active un mecanismo de búsqueda, y para que las palabras discriminación, acoso, maltrato, feminicidio y abuso dejen de estar relacionadas con la palabra mujer.




Con los puños cerrados, con las manos arriba, unidas y apoyadas entre ellas, las mujeres hoy están convencidas que, como algún día lo diría la escritora judía, Ayn Rand: “La pregunta no es quién me va a dejar, sino quién me va a detener.”