Fotorreportaje
Trabajadoras sexuales:
Entre vivir al día y el COVID-19

Con la llegada del coronavirus a México se tomaron medidas de prevención que han afectado severamente la situación económica de las trabajadoras sexuales.



Fotografía y Texto: Ernesto Alvarez




Karina es de Honduras, tiene 50 años de edad y 30 viviendo en México, actualmente reside en Chalco, Estado de México. “Estilista y sexoservidora desde que llegué” se describe mientras se maquilla.




“Nosotros no podemos estar encerradas, las necesidades nos obligan a trabajar porque sólo mis sexoservicios pueden traer algo a la mesa. Y ha bajado la clientela, la gente no sale de sus casas, no porque no tengan dinero sino que no quieren tener contacto con nadie”.




“Ha estado difícil, tenemos que traer un tapabocas, cuando en el trabajo del sexoservicio la apariencia física cuenta mucho, y la distancia de metro y medio tampoco aplica en nuestro caso” comenta.




Karina reconoce que toma algunas precauciones: “A la hora de tener relaciones con alguien tengo que desinfectarme las partes donde tuvimos contacto, obvio los condones, sin besos y mi gel antibacterial, esas son las únicas medidas”.




La defensora de derechos humanos y presidenta de la Casa de las Muñecas Tiresias, Kenya Cuevas, explicó a Notimex que “es un panorama de incertidumbre para las trabajadoras sexuales, al no tener ningún método de prevención contra el coronavirus”.




Lamenta que no haya apoyo económico del gobierno. “No toman en cuenta a una gran parte de personas migrantes y trabajadoras sexuales, y es un error porque en la calle no sólo está el coronavirus, está la extorsión de la policía, los transfeminicidios, la violencia”, explicó Cuevas.




Karina recorría las esquinas junto a su amiga “Angy”, eran ellas y el humo de su cigarro, a mitad de la noche, cuando el oficial Nava Salazar, de la patrulla Chalco 621, llegó a extorsionarlas.








Se repusieron con los muchachos del carro planteado; Jaime, el de la moto que siempre deja propina; y la venta de algunos cigarros sueltos que los noctámbulos compran en su camino. Esto, bajo el riesgo latente de contagiarse.