Fotorreportaje
El alto que alimenta

Los limpiaparabrisas sobre las calles de Bucareli y Chapultepec aguardan el semáforo en rojo; preparan su botella con agua y jabón, fibra limpia trastes y un pedazo de goma. Es todo lo que necesitan para trabajar. Nadie dice su nombre ni su apodo, guardan su anonimato: “le vamos a salir al toro, no nos queda de otra”; alguien más apunta: ”yo trabajaba para el cine, barría y limpiaba las salas, tenía un trabajo estable, pero esta pandemia nos vino a dar con todo”. No usan cubrebocas, según ellos, no lo necesitan, desde que inició la pandemia han estado ahí sin protección. En su mayoría son hombres, sus edades varían desde los 20 a los 50 años. Todos tienen familias que mantener, viven al día, no gozan de seguro médico ni mucho menos de un sueldo fijo. “Yo no creo en esa enfermedad, mira, llevamos meses aquí y todos tranquilos, esto es una enfermedad de ricos, ellos si pueden estar en su casa, nosotros no, no podemos, hay que sacar la comida, mejor otras personas nos vinieron a ayudar, esa gente es la que se va a salvar por sus buenas acciones”. El semáforo se puso de nuevo en rojo, minuto y medio para limpiar dos carros, se acompañan en pareja, las pocas monedas que les dan los automovilistas, se las reparten. Son unidos y ríen al regresar a su esquina. Así seguirán unas ocho horas más. Mañana, la misma esquina, el mismo movimiento en cada semáforo en rojo.



Autor: Javier Lira