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2019-02-25   09:18:24   ESPECTÁCULOS
Regina Orozco: entre la ópera y el cabaret; metiche, pero feliz

* La cantante presentará el disco “Pedazos del corazón”, que grabó con Omara Portuondo

Por Claudia Pacheco Ocampo

México, 25 Feb (Notimex).- Regina Orozco no solo canta, también actúa, produce, dirige y selecciona, es amante de la naturaleza y de los perros, por eso tiene ocho y todos son adoptados. Asegura ser metiche, porque se mete en aquello que sea arte y, sobre todo, es una mujer plena e inmensamente feliz.

Recién cumplió 55 años y le sopló a todas las velas de su pastel. Es poseedora de una de las sonrisas más francas en el medio del espectáculo, pero también destaca por ser uno de los talentos más consagrados y propositivos en México.

Regina del Sagrado Corazón Orozco Mora nació en la Ciudad de México un 18 de febrero de 1964. Es la menor de cinco hermanos. Contaba con apenas siete años cuando sus padres decidieron cambiar su residencia a la entonces Ciudad Satélite en el Estado de México.

Cercana a su casa se hallaba una iglesia en donde los afamados Hermanos Zavala no solo fungían como el coro oficial de las misas, también montaban obras musicales de teatro durante el Verano y, al verlos, Regina supo que cantar y actuar es a lo que quería dedicarse por el resto de su vida.

“Desde los siete años yo dije: ‘Es un paraíso estar acá arriba’, y entonces, me seguí y me seguí”, declaró a Notimex durante una entrevista desarrollada al aire libre, en medio de un parque. Son sitios donde Regina halla la paz y surgen las ideas para seguir creando, pero también donde la topan sus seguidores y la saludan con emoción y entusiasmo. Ella siempre les responde de la misma manera.

Su primera incursión en el espectáculo fue al lado de uno de sus hermanos, a finales de la década de los 70. Lo hizo a ritmo del cabaret francés del siglo XIX mediante la revista musical “Ilusión”. El sacerdote de la iglesia fue quien los dirigió.

“Mi hermano y yo éramos dos niños que viajábamos por el mundo a través de los bailes, mientras que mis hermanas y la chaviza de Satélite bailaban cancán y hawaiano. Fue algo muy naif, muy simple, pero yo era muy feliz. Me acuerdo que se me olvidaban los diálogos y mi hermano se contestaba solito”, platicó la actriz entre risas.

Regina cursó la escuela convencional hasta el grado de preparatoria. A la par de sus estudios tuvo la oportunidad de ingresar a los 14 años al Conservatorio Nacional de Música.

Después estuvo en el Foro EON con Hugo Argüelles y Sergio de Bustamante; en el Centro Universitario de Teatro (CUT), donde Ludwik Margules y Julieta Egurrola impartían clases, y en la escuela de música Juilliard en Nueva York.

“Jesusa Rodríguez llegó y me dijo: ‘Hay una obra de teatro fantástica en la que se canta ópera’. Yo ya estudiaba ópera y pedí permiso para que me dejaran trabajar, pero mis padres me dijeron que no, que trabajaba o estudiaba. Que si quería trabajar, tenía que irme y me fui, por lo que nunca acabé la escuela”.

A su mamá nunca le agradó la idea de que Regina incursionara en el teatro y el cabaret, aunque sí aceptaba la ópera como opción. Sin embargo, ella quería comerse el pastel completo y no solo una parte de todo lo que podía aprender y experimentar.

De modo que el espaldarazo inmediato vino directamente de su padre. “Él me dijo que me apoyaría en lo que deseara hacer y así fue todo el tiempo. A mi mamá le dije que no podía dedicarme solo a la ópera porque me gusta hacer reír a la gente”.

Al concluir la carrera de música, en la Juilliard de Nueva York, la cantante tenía 27 años y ya se había convertido en madre de la pequeña Sol Bañuelos, producto de su matrimonio con el pianista Isaac Bañuelos.

La invitaron a realizar una carrera de ópera en Alemania, pero rechazó la oportunidad y volvió a México para abrirse en otras facetas del espectáculo.

Compaginar la maternidad con su carrera fue demasiado complicado. “Me llevaba a Sol a todos lados. Es una niña muy independiente, a veces tenía que trabajar e irme, hubo momentos en que me ausentaba hasta por tres semanas, pero no la abandonaba. Hoy en día le gusta mucho esto de la música”.

Su hija de 27 años tiene estudios en clavecín, piano y canto, pero también se probó como chef y en pedagogía. En la actualidad imparte clases de canto y es compositora de varios temas. Fue en la obra “Sin permiso y sin popote” donde ambas unieron sus talentos.

“Ahora trabajamos muy bien, pero antes teníamos conflictos porque la comparaban mucho conmigo y eso no es muy agradable. Hoy asume que así es y que es la opinión de la gente, no la nuestra. Es muy gozoso trabajar con ella, a veces me parezco a la mamá de Lucerito ya que le digo: ‘¿Por qué no haces esto o lo otro?’, y me responde: ‘No, mamá, yo voy a decidir”.

La oportunidad de trabajar en cine llegó para Regina Orozco en 1991 de la mano del galardonado director mexicano Alfonso Cuarón y a través de la película “Solo con tu pareja” en la que interpretó el personaje de “Srta. Dolores”.

“Alfonso era un amigo que iba al teatro-bar El Hábito donde yo hacía cabaret y su novia estaba de mesera ahí. Llegaba y me preguntaba cómo iba. Estábamos creciendo, me invitó y luego cada quien tomó su camino”.

Carlos Carrera, Alberto Isaac, Álex de la Iglesia, Teresa Suárez, Alejandro Springall e Issa López son otros directores con los que ha trabajado, pero fue bajo la dirección de Arturo Ripstein que halló al que considera es el personaje más importante en sus más de 40 años de carrera.

Se trata de “Coral Fabre” en “Profundo carmesí” (1996), y por el que ganó el premio Ariel a la Mejor Actriz y fue nominada en la misma categoría en el Festival de Venecia.

“El personaje era terrible, pero fue un regalo para mi vida. Arturo Ripstein te lleva de la mano y te lleva a donde él quiere. Por esa razón no fue difícil, pero sí muy fuerte e intenso porque ‘Coral’ se enamora por carta de un gigoló (Daniel Giménez Cacho) y los dos se juntan para asesinar a mujeres y robarlas”.

Aunque Regina investigó sobre la época en que se desarrollaba la historia, Ripstein le pidió que no prepara a su personaje. “Utilizó un tanto la técnica que Cuarón hizo con ‘Roma’, con la diferencia de que sí teníamos un guion y no fue en secuencia”.

“En la escena donde mato a Marisa Paredes, el director me dijo: ‘Ve cantándote un vals y todos los movimientos los vas a hacer en tiempo de vals y la vas a matar, no pienses en otra cosa. La escena es tétrica”.

Las telenovelas no es algo que llamara mucho su atención hasta hace dos años cuando el productor Juan Osorio la invitó a participar en “Mi marido tiene familia” como “Amalia Gómez”.

“En 1998 hice ‘La casa del naranjo’ que la mandaron a la casa del carajo. Fue con TV Azteca, grabamos tres meses y salió un mes en pantalla. Nunca más volví a hacer telenovelas más hasta que trabajé la reciente vez con Diana Bracho, Héctor Bonilla, Silvia Pinal y Rafael Inclán. Caí en blandito con un personaje muy querido”.

La actriz dio vida a una mujer con sobrepeso que logra vencer sus complejos y se hace pareja de “Enzo”, interpretado por el luchador Latin Lover.

Es un personaje que también la marcó, pues a lo largo de su vida Regina Orozco siempre ha defendido la integridad de las personas y la teoría de aceptarse a uno mismo si padeces obesidad o no. También ha sido luchadora por los derechos humanos, la inclusión de las mujeres y los derechos de la comunidad LGBT.

Es por ello que en fecha reciente, mediante sus redes sociales, aclaró que ella no formaba parte de un supuesto chat de actrices para desprestigiar a la nominada al Oscar, Yalitza Aparicio por la película “Roma”, y que, asimismo, no fuera postulada al premio Ariel en México.

“La actuación de Yalitza me sacó las lágrimas. Aunque no tenga estudios de actuación, como muchas, es una actriz nata. El hecho de que tenga tantas portadas de revista y tantas entrevistas por todo el mundo y sea tan visible como una mujer mexicana de orígenes indígenas, para mí es algo increíble y estoy totalmente orgullosa”, sostuvo en un mensaje desde sus redes sociales.

Siempre buscó la manera de desarrollar una carrera en la ópera y convertirse en la mejor exponente. Sin embargo, lamentó que en México no exista una cultura musical por este género y sus artistas reciban poco apoyo para destacar.

“Hay buenos maestros y excelentes cantantes, pero no hay una cultura operística. Existen compañías que hacen óperas independientes fuera de Bellas Artes y menos costosas, pero en México no tenemos mucha educación como en Italia, el púbico no está acostumbrado y hay poco para esto”.

Regina Orozco creó su propia compañía de producción, impulsada por Jesusa Rodríguez, quien le decía que ya era tiempo de escribir lo que le interesara comunicar a ella y no de alguien más.

“Por supuesto, perdí todo el dinero del mundo. Mi refri se acababa porque iban todos los músicos y yo les cocinaba. Entonces, decidí hacer el disco ‘La Megabizcocho’ y, en efecto, confieso que fumaba mariguana.

“Quien escuche ese disco descubrirá que sí es muy pacheco, tiene mucho cabaret, humor, ironía y rebeldía más la voz operística, es como un híbrido de todo lo que soy. Ya luego dejé de fumar mariguana”, relató entre carcajadas.

El cineasta Carlos Hidalgo fue quien le dijo: ‘Es que tú eres como mega y también estás como bizcocho, déjame decirte la Megabizcocho y le respondí que estaba buenísimo, que era perfecto el título para un disco que lancé en 2003 y, desde entonces, me dicen así”.

“Rosa mexicano” (2007), “Regina a go gó: Más bonita que ni una” (2010), “Regina catrina” (2011), “La amorosa” (2012), “Canciones pa' lavar trastes” (2015), “Canciones p' agarrar... el alma” (2016) son los discos que ha lanzado hasta ahora y con los que ha navegado por diversos géneros, no precisamente en la ópera, aunque algunos temas estén versionados así.

“El cabaret ha sido parte del sentido de lo que tenía que hacer, mientras que la ópera ha sido muy limitada para mi vida. Estar viajando con mi hija o dejarla sola, no, por eso preferí una vida más familiar y en la que pudiera crear mi mundo”.

Este 2019 estrenará el álbum “Pedazos del corazón” que grabó con Omara Portuondo. Lo grabaron hace cuatro años con temas de Agustín Lara y Álvaro Carrillo, entre otros. Son boleros y sones.

“Hay veces que no me doy cuenta de lo que hago o he hecho, como que no tengo la dimensión porque soy muy picaflor, pero cuando de repente veo todo realizado, digo: ‘Ay, qué bien, ay qué bueno’. Estoy muy agradecida por mi carácter de lanzada y de lanzarme hacia mundos que no eran seguros.

“De lanzarme hacia el precipicio y que muchos espectáculos sí han dado sus frutos. A la vez he hallado a gente de la cual me he agarrado y nos hemos agarrado de la mano para poder hacer esto, porque yo solita, pues no.

Es gente increíble como Miguel Ángel Rodríguez, León Faure y Jesusa Rodríguez quienes han apoyado su inquietud creativa. Pero también están sus amigos de toda la vida: Astrid Hadad, Darío T. Pie, Ximena Cuevas, Liliana Felipe, Susana Zabaleta, Francis Laboriel, Ofelia Medina y Daniel Giménez Cacho, por citar algunos.

“Ahora se están abriendo puertas de las cuales dije: ‘Ay, yo lo había pedido, ¿verdad?’. Hoy respiro y digo que vamos a hacerlo. Tengo un poco más de centro y de paciencia, eso me ayuda mucho a hacer las cosas con más placer”.

“Me siento muy satisfecha y contenta. Lo estoy desde que un día me desperté y dije: ‘¿Para qué sigo esperando a que suceda más y más si todo está chido? No me despierten que ando chida, ando muy bien”, concluyó.

 

NTX/CPO/LMC

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