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2019-10-10   13:01:00   CULTURA
El periodismo, un acto de generosidad: Juan Villoro

[Juan Villoro recibe hoy el Premio Liber en Madrid que le entregan los editores españoles. El pasado 8 de septiembre acabó la temporada de su obra teatral La Guerra Fría que se montó en el Museo Tamayo durante tres meses los fines de semana. En esta conversación nos habla de sus preocupaciones y ocupaciones escriturales.]

Por Perla Velázquez

México, 10 de octubre (Notimex).― Los premios siempre tienen algo de “chiripa”, dice Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) al cuestionarle sobre el más reciente galardón que le otorga la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE): el Premio Liber 2019.
      ―Por momentos te hacen sentir viejo, casi como un autor póstumo, pero al mismo tiempo te desconciertan, porque tú piensas: “Si mi literatura es novedosa, si es distinta debe también desconcertar a la gente”.
      La distinción la recibe hoy el autor de El libro salvaje en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, España.

 

Prosa en distintos formatos

Juan Villoro recibe a Notimex en uno de los lugares que lo ha visto crecer física y mentalmente: El Colegio Nacional, un espacio al que le dedica ideas y tiempo, porque es conocido que el escritor no alimenta las redes sociales, también se sabe de ese andar camaleónico entre los géneros literarios que domina. El caminar hábilmente en el ensayo, la novela, el cuento, la literatura infantil y el periodismo lo llevó a ganar el premio que el año pasado obtuvo Almudena Grandes.
      ―Tengo una personalidad dispersa y me gusta mucho pasar de un género al otro. Al mismo tiempo tengo mucho miedo de repetirme, de hacer lo mismo. Entonces, escribir un cuento para niños y luego escribir un ensayo sobre un autor me hace sentir que no voy a escribir en la misma línea, porque estoy en un género muy diferente.
      No existe ningún género que sea particularmente importante. Para Villoro, cada uno de ellos tiene su propia dinámica. Aunque tiene una superstición: si escribe bien en un género es porque conoce los demás; es decir, cada uno de ellos le ayuda a entender a todos por igual:
      ―Admiro mucho a los artistas versátiles, que pueden ser pintores, cineastas, escritores, actores y hacer cosas muy diferentes entre sí. Yo lo único que hago es escribir prosa en distintos formatos.
      ―¿A qué hora escribe Juan Villoro?
      ―Yo mismo no sé cómo uso el tiempo, practico pocos hobbies. Creo que todos los que escribimos tenemos una tensión y, en un momento dado, decimos: “La vida libresca, la vida del encierro, la de estudio, no es la verdadera vida; estoy leyendo representaciones sobre la vida, tengo que salir a la vida real”. Entonces sales, te pasan cosas raras y dices: “No, no puede ser. Esto tampoco es la vida real, porque debería de estar escribiendo, estar leyendo”. Y entonces te arrepientes.

 

Salir a la realidad

Aunque existe algo que sí logra aterrizarlo: el periodismo:
      ―Porque te permite salir a la vida, estar en contacto con los demás, entender que son los otros los que tienen la razón. El periodismo es siempre un acto de generosidad, porque no estás tratando de imponer tu ley sino de entender las leyes de la realidad y de los testigos que han visto las cosas.
      “Esta posibilidad de combinar la vida con la reflexión intelectual a mí me ha servido mucho en el caso de la práctica periodística, porque escribiendo una novela podrías estar encerrado en tu cuarto cuatro años y nadie te pide que salgas, pero en el periodismo tienes que cubrir la realidad que siempre está en otra parte”.
      A la par de mantener una columna todos los viernes en un periódico de corte nacional, en los últimos años, afirma Villoro, se ha concentrado más en el teatro. Para prueba es la puesta en escena La Guerra Fría, que en septiembre acabó su temporada en el Museo Tamayo.

 

Una historia de amor punk

La Guerra Fría es una historia de amor punk en donde la música, la plástica, el video y el performance se juntan. Para Villoro, también es una historia de amor salvaje donde dos mexicanos, un roquero: “El Gato” (representado por Mauricio Isaac) y una actriz (Mariana Gajá) deciden ir a conocer la Berlín que David Bowie y Lou Reed habían plasmado en sus discos.
      El escritor dice que se basó en el álbum Berlin, de Reed, para seguir la trama. Así que durante la obra un piano se encargaba de perforar las paredes del museo interpretando las canciones “que marcó a mi generación, porque es la obra cumbre de la música dark. Una historia muy desgarradora, porque es una especie de novela donde cada canción está contando la degradación de una pareja y finalmente ella acaba entregada a las drogas, muriendo”.
      Y así es la vida de los personajes de Juan Villoro, que al llegar a la ciudad alemana se instalan en un departamento como okupas. Ellos quieren vivir ese Berlín de la década de 1980 cuando el punk se comenzaba a establecer como una actitud ante el contexto político social que se vivía en las calles. Villoro rememora los días que él pasó en Berlín Oriental para escribir su pieza teatral:
      ―Era el momento cuando se permitió que se instalaran cohetes de mediano alcance que podían llegar sin aviso a la Unión Soviética, que reaccionó de la misma forma instalando cohetes SS-20. Parecía que al fin podía llegar la Tercera Guerra Mundial y que todo se iba a acabar.
      “Curiosamente, cuando el ser humano está a punto de una posible destrucción decide hacer cosas que nunca había hecho antes. Eso hizo que músicos como Iggy Pop, David Bowie, Lou Reed fueran a Berlín y eso hace que mis personajes vayan allí. Este es el contexto de la Guerra Fría, pero la verdadera Guerra Fría es la que ocurre al interior de la pareja”.

 

Decir bien las cosas ciertas

El nuevo galardón se lo otorgan por su afán periodístico los editores de España.
      ―La prensa cultural en el mundo pareciera estar en la guillotina debido a la victoria electrónica. ¿Qué puede hacer un periodista interesado en la cultura en un caso de oscurantismo económico que va difuminando cada vez más este género?
      ―Una de las tragedias del mundo contemporáneo es la transformación de los ciudadanos en consumidores. Las compañías de aviación ya no se dirigen a las personas como “pasajeros” sino como “clientes”. La cultura no es ajena a esta idea comercial y desechable de la vida cotidiana. Por eso mismo es tan importante defender los ritmos lentos de los procesos culturales y evitar criterios como el rating, los éxitos de taquilla o las grandes ventas de los libros. El encuentro de dos artistas en un café puede ser más importante que un concierto en un estadio. El periodismo cultural no debe ser rehén de la cartelera ni privilegiar una idea de éxito fundada en la comercialización. Es mucho lo que se puede hacer en la apasionante tarea de cubrir las rupturas y las búsquedas estéticas, pero también en explorar la novedad del pasado. Las noticias culturales vienen de muy lejos y en ocasiones lo más urgente es constatar lo que Shakespeare o Sor Juana nos dicen hoy en día.
      ―¿Qué significa recibir un premio de periodismo en estos momentos en que la Internet difunde demasiada información de escándalos difuminando a la prensa cultural?
      ―El periodismo es literatura bajo presión. Actualmente se ejerce en un entorno distorsionado por las fake news. No es casual que el Diccionario Oxford escogiera la palabra “posverdad” como la más importante de 2016, el año en que Trump, el tuitero más poderoso del planeta, ganó las elecciones. La “posverdad” es una mentira deliberada, manipulada por la ideología. Curiosamente, la sobreoferta de falsas informaciones hace que la verdad tenga aún más valor. No es fácil competir contra los bots y los linchamientos en las redes; justo por eso, el periodismo cultural representa una alternativa necesaria. En tiempos de simulación, donde el photoshop altera una imagen y el fanatismo altera la prosa, el periodismo ha sido puesto a prueba, pero estoy convencido de que prevalecerá por dos razones que parecen opuestas y en realidad son complementarias: la forma de contar las cosas y la importancia de verificarlas. “La verdad es siempre revolucionaria”, dijo Gramsci. No se pueden negar los hechos, aunque duelan. Pero la verdad importa más si la sabes contar. Ese es el compromiso que debemos atender: Decir bien las cosas ciertas.

                                        Juan Villoro

NTX/PV/VRP

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