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2020-03-25   13:00:56   CULTURA
La Guarida Nacional: Nayarit

José Manuel Elizondo: de todo como en botica

Por Cristóbal Torres

[El autor nayarita José Manuel Elizondo habla sobre sus inicios en el periodismo y su gusto por escribir. Dice que no fue fácil porque, de entrada, se halló con círculos cerrados, pero…]

 

Nayarit, 25 de marzo (Notimex).― José Manuel Elizondo Cuevas (Tecuala, Nayarit, 1958) es un escritor que desde muy joven sabía que su deseo era dedicarse a las letras. Posee un aire romántico que le permite disfrutar la tranquilidad que todavía existe en la vida de las periferias. En una plaza de Tecuala decide pasear por la mañana esperando la llamada para charlar con Notimex.

      Aunque Elizondo ha dedicado gran parte de su vida a las instituciones, es en su faceta de periodista y escritor donde encuentra mayor satisfacción. Si bien dicha etapa llegó hace menos de diez años, es una circunstancia que no lamenta, “quizás si me hubiera ocurrido hace 20 años no habría tenido la madurez necesaria para transmitir de una manera bonita los mensajes que quiero hacer llegar a la gente”, dice.

 

Periodismo y literatura

Es autor de Sueños de misterio, fe y esperanza (2017), Noche oscura / Aventuras de Jacinto Cárdenas (2018) y Besos con sabor a cebolla (2019), además de estar incluido en la antología: Tinta lunar en 2019, comparte su obra en escuelas con jóvenes estudiantes, la mayoría incursiones realizadas por iniciativa propia. 

      Encuentra en el contacto con la juventud su motivación, especialmente cuando ya han leído su material. En una de sus presentaciones en Ahuacatlán, un niño le externó un comentario que le llamó la atención:

      ―Me dijo que, cuando yo describía la comida sintió que se le hacía agua la boca ―que lo reconfortó porque “finalmente ese es mi objetivo”.

      Otra de sus facetas es la de periodista. Es autor de la columna “De todo como en botica”, que le valió en 2017 el Premio Estatal de Periodismo; sin embargo, Elizondo encuentra dos diferencias sustanciales entre escribir periodismo y escribir literatura:

      ―Cuando escribes un libro no sabes quién lo va a leer; en el periodismo es diferente porque ya sabes que te va a leer cierto nicho, ciertas personas, ciertos intereses y ciertas áreas.

      Para él, “lo más incierto es el contacto” cuando se trata de literatura; no obstante, la relación que nace entre el autor de un libro y su lector “tiene una magia especial”.

      Y a las pruebas se remite:

     ―La verdad, me ha sorprendido lo que ha ocurrido en lugares donde yo jamás pensé que estarían leyendo mi obra.

 

El retorno

Aunque no se ha encasillado al público infantil y juvenil, el autor reconoce que las visitas que realiza a las escuelas son una de sus principales fuentes de motivación:

       ―He visitado secundarias y escuelas en ejidos y locales alejados de la capital, con un público meramente juvenil, y tanto la dinámica como la experiencia han sido excelentes.

      Su primera incursión en el periodismo ocurrió cuando vivía en la zona metropolitana de la capital mexicana:

      ―Un amigo mío de Ciudad Nezahualcóyotl tenía un periódico muy pequeño y me solicitaba colaboraciones.

      Ahí se dio “el lujo” de hacer poesía y crucigramas. Aunque no recuerda el nombre del periódico, sí menciona que gran parte de esas colaboraciones no aparecían con su nombre:

      ―Todo lo que le mandaba lo publicaban como “Redacción”, pero esas fueron mis primeras participaciones…

      Ahí fue donde nació su inquietud por seguir redactando.

      Después de trabajar muchos años en la Ciudad de México, un ímpetu de gratitud lo motivó a regresar a su pueblo “a buscar el arraigo y regresarle algo de lo que me dio”. Pensó que no tendría mayor problema en encontrar un trabajo que le permitiera ganarse la vida redactando, “pero resulta que no; fue muy difícil, encontré un círculo muy cerrado tanto en el ámbito laboral como en el periodístico”.

      Su regreso a Tepic no fue el que esperaba:

      ―Traté de entrar de lleno a las actividades periodísticas, pero me encontré con que era muy difícil porque los círculos son cerrados… hay mucha…

      No sabe cómo terminar la frase.

      Piensa en la envidia, pero…

      ―No creo que sea la palabra exacta; hay cierto egoísmo en los medios, como si tuvieran miedo de que fueran a ser desplazados, era una situación difícil.

 

Consumidores y sindicalistas

Su primera oportunidad llegó a través de una gaceta institucional. Estando en Tepic laboró en la Procuraduría Federal del Consumidor donde tenían El periódico del consumidor:

      ―Ahí pude hacer nota y hasta ser reportero, porque tenía que tomar fotos de los programas que estaba haciendo la institución.

      Su siguiente espacio ocurrió cuando estuvo en el Sindicato de Trabajadores al Servicio del Estado, en un semanario llamado La verdad. Como era una gaceta sindical comenzó a escribir sobre temas económicos pero dirigiéndose a un público específico:

      ―Había que escribir para gente de campo: trabajadores, jardineros del sector público; no podía usar un lenguaje rebuscado, tenía que usar una forma de llegar claro para que me entendieran y sintieran el mensaje que mandaba”.

 

Las semillas literarias

Fue ahí donde su labor periodística le permitió evolucionar su forma de escribir y, sobre todo, de narrar:

      ―Se me ocurrió hacer historias para que los trabajadores entendieran los problemas económicos…

      Creaba personajes y desarrollaba situaciones de forma más lúdica:

      ―Fue cuando empecé a combinar la otra aspiración que yo tenía: la de llegar a escribir un libro; siempre desde pequeño estuve con esa idea.

      Su labor le permitió conseguir un nuevo espacio:

      ―Hasta que me dieron mi página completa y luego una columna: “De todo como en botica” ―misma que publica desde mayo de 2011―. Le puse así porque quería aprovechar ese espacio y tener la oportunidad de no encasillarme nada más en la opinión política.

      A través de su columna “yo mandaba una crítica dura al gobernador o a quien estuviera por ahí mal”, pero también podía escribir un relato:

      ―Mas no un relato inocente, sino uno que también llevara una crítica, un contenido social político a través de la crónica o de alguna historia.

      Fue así como poco a poco la gente lo comenzó a ubicar, recibiendo una buena retroalimentación:

      ―”¡Escribes bien, podrías hacer un libro!”, era lo que me decían. ¿Por qué no?, pensé.

      A la par de su labor periodística, Elizondo escribía relatos que guardaba:

      ―Tengo ahí algunos cuentos que escribí, pero los dejo ahí, jamás los he publicado.

      Sin embargo, en su primer libro: Sueños de misterio, fe y esperanza, los relatos que ahí aparecen “los escribí ex profeso para su publicación”, sólo “El río encantado” era el único que ya tenía empezado:

     ―La idea estaba ya germinada: algo de misterio, no tanto terror.

      Para ese libro reconoce que ya tenía varias cosas trabajadas, pero pensó:

      ―O genero algo completo o jalo los que ya tengo.

      En ese libro incluyó relatos que tienen evocaciones a su lugar de origen:

     ―Del terruño. Están generados con base en lo que vivimos aquí; gente que conoce este lugar identificará las vivencias locales…

      Sin embargo, también funciona para los foráneos:

      ―La idea es que sea para cualquiera. De eso se trata: de partir de algo personal con una línea verídica, pero sin saber qué es lo ficticio; ese es el juego del escritor para hacer interesante la lectura.

 

La profecía del pintor

Aquello significó su incursión en el relato; empero, fue a partir de una de sus varias presentaciones donde encontró la motivación para considerar la posibilidad de escribir novela.

      El profesor Benjamín Cervantes, pintor y poeta nayarita, dijo abiertamente al público:

      ―Si José Manuel incursiona en la novela, les aseguro que va a tener mucho éxito, trascenderá en la parcela de las letras nayaritas.

      Entonces Elizondo se dijo: “Le voy a hacer caso al maestro”.

      Recuerda que las palabras del pintor “fueron una cosa muy especial”. Se sintió halagado de que hubiera leído su obra:

      ―Dijo que era un platillo excelente: el ritmo, la cadencia, la sobriedad.

      Reconoce que los comentarios que hacen de su obra lo motivan a seguir escribiendo. Actualmente Elizondo está trabajando en varios proyectos:

      ―Tengo una novela enterrada que quiero terminar antes de que se acabe el año. Mi idea es tenerla alrededor de julio para que el resto de 2020 pueda presentarla. También tengo un demo para una historieta de niños y también estoy armando un proyecto que es algo como 20, 20: 20 relatos en 20 líneas, relatos para pequeños. La verdad es que ando en varias cosas.

      Con una voz llena de satisfacción, el escritor siente que finalmente está en la vocación correcta:

      ―Escribir es lo que me apasiona, me ha dado esa chispa, esa llama, que uno debe tener por alguna actividad. La pasión es una llama que arde desde el fondo del corazón y clarifica el alma…

      Reconoce que no tiene manera de saber quiénes lo van a leer:

      ―Pero yo sé que cuando mi texto llega a alguien, se establece un vínculo que resulta indisoluble, resulta eterno y prácticamente imperecedero, se queda para la posteridad.

 

José Manuel Elizondo

NTX/CTM/VRP/JC

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