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2020-04-01   13:00:17   CULTURA
÷Poe+: Armando Vega-Gil

 

[Armando Vega-Gil Rueda pidió en su despedida no culpar a nadie de su muerte, ocurrida hace exactamente un año: el 1 de abril de 2019. Su suicidio no tiene explicación alguna para mucha gente, pero la decisión de partir de este mundo es absolutamente personal. Las causas, las inquietudes, los agobios, los pesares, las cavilaciones que lo orillaron a quitase la vida se fueron también con su partida. El bajista de Botellita de Jerez publicó su primer libro en 1988 en la colección “Cuadernos de Las Horas Extras” (Editorial Oriental del Uruguay): Entre sueños te veas, poemario curiosamente anticipatorio, revelador de lo que tres décadas después sucedería en la vida del escritor, quien se trasladaría posteriormente a la narrativa. En su primer libro habla de su propia muerte desconociendo su trágico pronosticado futuro. La portada de este poemario la ilustró el dibujante Manuel Ahumada (1956-2014). En la contraportada, el periodista cultural Manuel Gutiérrez Oropeza (1950-2005) apuntó: la poesía de Armando Vega-Gil “subleva la sintaxis de una vigilia inconsciente y aparentemente desatenta. En el texto serpentea la mirada de un enamorado de los ochenta que tiene que danzonear su inaplazable apocalipso. El humor nos hará libres, y este Caronte de sus propias navegaciones internas se acribilla de ironía, se lanza un pastelazo en el alma. Pero hay que levantarle las enaguas al verso para descubrir una lectura subterránea que instila amargura, furiosa desesperación ante la distancia de la Amada. Para ello, más que con capítulos, el libro se ofrece en retablos de una geografía sentimental, signada por estroboscópicos octosílabos, a ratos paisaje en el que se siluetea el insomnio ideológico del autor. Versos desaforados, intransferibles juegos de palabras, metáforas que inutilizan al lugar común…” De su libro extraemos estos tres poemas.]

 

 

¡Ah, tan muerto que esta muerte me redime!

poemas de Armando Vega-Gil

 

 

Ocios I

Esta tarde soy de plomo,

me hundo ardiente entre cobijas y almohadones.

Silenciosos

               los colchones me devoran.

Soy de plomo.

Dejo hondas huellas

en la acera de tu alcoba,

son de acero mis chinguiñas

                 y, no obstante,

deambulamos muertos en mi casa.

Ven y muéstrame tu cobre, digo

 Y un espejo mineral te me devuelve.

 

Te estoy mirando

Estos ojos fríos

tan míos,

ojos fríos tan tuyos nuestros,

estos bordes hojarasca:

         llamaradas de tu bóiler,

          puntititos claroscuros

en el borde de tu espejo,

         de tu cuerpo.

Estos mismos ojos

éstos

se desdoblan en la cima del recuerdo

igual nostalgia de los perros,

de las porras no cantadas, aporreadas,

de los bailes postergados,

baúl de sastre, desastroso,

             ¡oh, Pandora!

Estos ojos fríos tan nubes,

arrancados en un guiño del tri-x 400,

te persiguen en la almohada,

por alientos desvelados

             (revelados):

impreso-amplificados. Blanda impávida mirada

que blasfema con tus vueltas

          con tus idas

con tus odas ojos de hada milagrosa.

¡Magia engrudo del silencio,

        abracadabra patas de cabra,

labra el tórax y el respeto!

Ojos tímpano que atienden: ojorejas

     ―te he escuchado por

la niña de estas fosas ventanáreas.

¡Soy tu esclavo clavecín!

Alfiler que clava y cava hasta el fondo del papel,

¡prende hielos en el gesto de mi piel!

     Soy película, emulsión.

¡Ah, tan muerto, muerto y muerto

que esta muerte me redime,

vivo eterno retenido: lo fugaz de un fotograma.

No es amor por la playera

es valor de una cornada,

sangre arena en la cortada,

no hay salida

no coartada.

¡Oh, desmayo ante tus pies: qué fotodrama!

Es de día y ya te vas.

...lo dicho:

no es adiós,

sino a’i la vemos.

¡Click!

 

Ocios II

¡Qué hartez, caos,

qué hastío!

Que el destino juegue

a las canicas en mis muertas cuencas

tan vacías chicas pelas sin mis muertos,

las rodillas altas tensas

desolladas hasta el blando

blanco de mis huesos,

mis huesitos rebotando

matatenas hasta el tuétano cristal

de mis tacones.

Ay, qué vida ésta la mía

derrumbándose cual trompo en

lodazales sin salida despertar

       muerto entre los vivos,

saltar solo entre una reata

que entreteje el viejo atajo hasta el abismo mismo

de mis manos.

He dejado ya la infancia en

el archivo cruel de la inconstancia,

y a pesar de aquello de esto y de los otros,

el destino me hace trampas,

juega sucio a los volados:

el es águila sin sol

merenguero que tragaste a carcajadas los chochitos,

los gaznates de mi amor.

Lo demás

no importa.

(Jacas y palomas:

no estoy
vivo
soy cadáver redimido.)

NTX/VRP/JC

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