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2020-04-02   13:00:43   CULTURA
Día Internacional del Libro Infantil

Por Mario Bravo Soria

[Hoy se celebra el Día Internacional del Libro Infantil, por ello en la sección cultural de Notimex hemos charlado con Adolfo Córdova, escritor de literatura infantil y juvenil, quien a lo largo de esta entrevista nos ha compartido su visión acerca del oficio de escribir para niños y niñas…]

 

México, 2 de abril (Notimex).― Admirador del ilustrador Chris van Allsburg, autor del célebre libro Jumanji, Adolfo Córdova (Veracruz, 1983) aparentemente por azares del destino hizo de la literatura infantil su oficio, aunque tras nuestra conversación pareciera más que su vinculación a la escritura de libros dirigidos hacia niños y niñas se inscribe en otro registro temporal, distinto a la casualidad y más cercano a eso que la poeta polaca Wislawa Szymborska expresaba en el final de su bello poema “Amor a primera vista”:

 

Todo principio

no es más que una continuación,

y el libro de los acontecimientos

se encuentra siempre abierto a la mitad.

 

No es para nada casual que el propio Córdova mencione durante esta charla que la literatura infantil se le presentó, repentinamente, como un amor a primera vista, cuando él dedicaba sus días y sus horas a una escritura meramente periodística en la redacción de un diario capitalino. En algún momento, él quemó sus naves y lo apostó todo a la intención de escribir con la más alta calidad posible para lectores de primera calidad, tal como lo expresa en esta entrevista.

      Córdova nos relata cuáles son sus motores y compromisos para escribir literatura infantil, lo cual le ha llevado incluso a ser ganador del Premio Bellas Artes de Cuento Infantil Juan de la Cabada 2015 por su libro El dragón blanco y otros personajes olvidados, en el cual mediante seis cuentos inventa historias en donde los personajes secundarios de cuentos clásicos son retomados por el autor veracruzano y los coloca en un papel protagónico, central, tal como realiza con sus lectores, a quienes en nuestra sociedad mexicana se les suele considerar así, como seres humanos y ciudadanos secundarios.

      Pero Córdova escribe para que esto deje se suceder…

 

Un libro para un niño: un acto de confianza

―Usted nació en 1983 en Veracruz, ¿hubo algún acercamiento durante su infancia con los libros?, ¿existió alguien que le contara cuentos en su familia?

     ―Comparto la base que es común para los seres humanos: la tradición oral… los arrullos… las historias. Esa tradición oral se ha ido perdiendo, se transforma en otras cosas. En mi caso, mis abuelos maternos con quienes conviví mucho y mis padres me contaban historias, había libros en casa; todavía recuerdo canciones que eran muy largas, primero fueron arrullos, ahí nace la literatura infantil y juvenil: en la tradición oral, en las propias canciones y en la lírica popular. De eso estuvo muy poblada mi infancia.

      “En particular, querer regresar a mi propia infancia desde la literatura que hago sí guarda relación con haber disfrutado mucho durante esa etapa y haber sido un niño que jugó mucho y al cual le dieron mucha libertad; de alguna manera, desde chiquito estaba conectado con el placer de contar historias… me gustaba inventar cuentos  y eso tenía que ver con la presencia de libros en casa, pero también se vinculaba con la existencia de las historias en casa. Mi abuelo se sabía de memoria historias y poemas. Todo eso influyó, disfruté mucho esa etapa. Para mí fue un periodo muy enriquecedor…”

      ―¿Existe algún momento que a usted le haya marcado un antes y un después en torno a su relación con los libros?

      ―Mi abuelo se llamaba Rubén Gutiérrez, era muy lector. En alguna ocasión, cuando yo era pequeño (pues contaba con cinco años y aún no sabía leer), tanto mi hermano como yo fuimos a casa de mi abuelo, quien le regaló una enciclopedia de cinco o seis tomos: Mis primeros conocimientos… Fue todo un acontecimiento, pues mi abuelo estaba muy contento. Durante aquel momento, quedé un poco al margen de ese evento porque aún era un niño que no sabía leer, así que recuerdo haber ido al patio a esperar y pensar en la vida… quizá desilusionado, mirando hacia el suelo. De pronto, dentro de mi campo de visión, se apareció mi abuelo, que percibió que me había sucedido algo al no sentirme parte de ese acontecimiento. Y me regaló el tomo de Gatos, perros y caballos.

      “Esa anécdota me marcó y la tengo siempre presente, porque en aquel entonces fue como un acto mágico, porque según yo mi abuelo me había adivinado el pensamiento y sabía exactamente cuál era mi deseo.  Y, por otro lado, también fue un gesto de confianza de su parte. Me dijo:

      “―Sé que aún no aprendes a leer, pero algún día podrás hacerlo y este libro estará para ti…

      “Es un libro que aún conservo. Los especialistas dicen que leerles a los bebés y a los niños, además de ser gestos de aprendizaje, resultan ser gestos de confianza, pues son importantes para la formación humana en general. Se confía en que algún día el niño entenderá el significado de esas palabras. Mi abuelo estuvo así desde un principio con ese gesto y luego a lo largo de mi vida con más libros.

      “Él era muy lector y de ahí lo heredó a mi madre, quien siempre se encargaba de llevar libros a la casa. Es verdad que el puerto de Veracruz, donde yo crecí, no era un espacio especialmente lector; la biblioteca pública del municipio sabíamos que existía y ahí se realizaban eventos, pero nunca supimos si había libros ahí. ¿Y librerías?, pues había una que otra principalmente  escolares… nunca fue un ambiente de librerías, mucho menos de literatura especializada en niños y jóvenes. Uno leía lo que de pronto traían de la Ciudad de México”.

 

"El gato en el tren de pensamientos"

Amor a primera vista

―Una cosa es leer y otra es escribir, ¿a usted cuándo le nació la necesidad de escribir?

     ―Tuve la necesidad de escribir durante la adolescencia. Y era una necesidad de decir cosas más allá de lo que podía encontrar en la lectura. De cualquier forma, leer y escribir son hermanos, es un círculo: uno empieza a leer y ese círculo se cierra cuando uno escribe. Es algo que podemos hacer todos. Eso es algo que fomentamos en los niños y jóvenes a través de los talleres que he impulsado. En mi infancia cerré ese círculo cuando inventaba historias de manera oral, ahí estaba yo escribiendo con la palabra hablada; luego, en la adolescencia, escribía poemas, historias de terror, cartas de amor, todo eso que de manera natural uno siente la necesidad de escribir. Y recuerdo que quería escribir algo que no estaba encontrando durante ese momento en mis lecturas. Comencé a escribir a los 13 o 14 años…

     ―En su biografía miro dos pasajes importantes: uno, cuando dejó Veracruz; y otro, que usted es periodista de formación.

     ―Sí, en un periódico en la Ciudad de México conocí la literatura infantil. Comencé a trabajar en distintos suplementos del diario; entre dichos espacios, había uno que se titulaba Gente chiquita, que era dirigido a los niños. Fue de las pocas publicaciones periodísticas en el país que lo hacían de una manera tan seria, incluso tenía consejo editorial de niños, una vez al mes nos reuníamos con ellos para saber qué les parecían los contenidos, nos sugirieran cosas, etc. De pronto, en cierta ocasión, una de mis compañeras de ese suplemento no fue a trabajar y a mí me dieron algunos de los libros que llegaban al periódico para reseñar y fue como un amor a primera vista. ¡No me había fijado en los libros para niños y jóvenes hasta ese momento en mi vida! Me enamoré de la literatura infantil. Me dije: “Quiero hacer esto”.

      “Realmente mi llegada al mundo de la literatura infantil fue a través del periodismo, de observación, estudio y mucha lectura del material que llegaba a la redacción. Esto fue durante 2008, y sigo considerándome un periodista que hace periodismo especializado en literatura infantil y juvenil. Todos mis proyectos creativos como escritor pasan por un proceso de investigación y muchas veces de levantamiento periodístico al entrevistar a niños y jóvenes.  

      “Como te digo que fue amor a primera vista, en algún momento dije: Me caso con la literatura. Así que renuncié al periódico para hacer una maestría en Libros y literatura infantil y juvenil en la Universidad Autónoma de Barcelona”.

 

Un niño que quiere ser escritor…

―Llegó a la Universidad de Barcelona, ¿qué le enseñaron allá que no se hiciera en México respecto a literatura infantil y juvenil?

      ―Lo que pasa es que el estudio formal de la literatura infantil y juvenil lleva más tiempo haciéndose en Europa, lo mismo que la tradición de la literatura occidental tal como la conocemos hoy.  En América y Asia tenemos una tradición que le ha interesado a los niños y niñas, pero la etiqueta “infantil y juvenil”, así como los estudios acerca de la infancia, empezaron en Europa, entonces sí tiene un poco más de camino recorrido. Y en Barcelona estaba uno de los programas de posgrado que me interesaba más, ese máster me dio las bases teóricas para saber cómo nació la literatura infantil y juvenil en Occidente. Me dio la seguridad que necesitaba para especializarme.  Para mí fue un antes y un después en mi carrera. Luego comencé el blog “Linternas y bosques”, que ya tiene 6 años y el cual lo lancé justo cuando terminé el máster.

     ―Y así fue que se animó a escribir su primera novela dirigida al público infantil: Para la niña detrás del árbol, en 2015.

     ―Es una novela que se publicó antes de El dragón blanco y otros personajes olvidados [2016]. Cuando estaba en el periódico había empezado a escribirle unos cuentos de amor a quien era mi novia y ahora es mi esposa. De repente, estos cuentos se transformaban en diferentes personajes: un niño y una niña, que vivían distintas situaciones propias del universo infantil. En algún momento pensé en hacer una novela con estos cuentos y me inventé un personaje: Julián, un niño enamorado de una niña en particular, a quien le escribe un libro de cuentos para decirle que le gusta y quiere ser su novio. Fue una novela muy autobiográfica en la que, además, regresé a muchos momentos y anécdotas de mi infancia, y para la cual también entrevisté a muchos niños (con la ayuda de un grupo de amigos mediadores de lectura del cual formo parte, entrevistamos a más de cien niños), les preguntábamos para ellos qué era estar enamorados.  

      “A partir de sus respuestas y algunas entrevistas a mayor profundidad que hice a mi sobrino e hijos de amigos cercanos, así construí a los personajes. Porque los escritores hacen uso de su memoria para escribir, es una de sus herramientas principales; pero cuando escribes para niños sí debes pensar en ti como niño,  ir a tu infancia y tomar de ahí, pero también es importante actualizarte y tener una escucha muy abierta a los niños y niñas de hoy, porque cambian las generaciones y a uno se le olvida, no hay memoria que alcance.

      “Por eso para mí fue importante hacer estas entrevistas. Es una novela especial para mí, porque fue la primera… pero, además, el personaje protagónico es un niño que quiere ser escritor, utiliza la literatura para expresar su deseo. Eso es lo que hace la literatura: nos compensa, complementa. Y la novela, en algún punto, tiene una cuestión muy clara sobre el efecto de la literatura en los lectores: acerca de cómo leer transforma tu entorno y cómo te vinculas contigo mismo y con los otros.

      “Es una novela que le habla mucho a los niños entre 9 y 12 años, que es esa edad en donde empiezan a sentir curiosidad por el otro, y hay un despertar hormonal. Es una novela de amor”.

 

"Julián escribe"

“Debo escribir la mejor literatura posible”

―Me parece que todo escritor usa la literatura para sanar las heridas del pasado, o ajustar cuentas con los días que ya fueron… la literatura muchas veces parece una máquina del tiempo que te permite viajar a la infancia y reescribir lo que uno ha vivido. Para Adolfo Córdova, ¿la literatura tiene esta función de acomodar las piezas de un pasado que ya fue?

      ―Es una pregunta bien interesante, porque muchos de los lectores infantiles todavía no tienen conciencia de ese pasado, entonces esta mirada nostálgica es una de las grandes diferencias de la literatura infantil en comparación con la otra literatura. Los escritores de literatura infantil no miran con nostalgia su pasado, sino tratan de vivir ese pasado como un presente, pues saben que sus lectores lo leerán así como presente, como algo que están viviendo. Es verdad que escribir sí tiene algo de reparador y de máquina del tiempo, pero también es una especie de acelerador de respuestas, uno escribe también para responder cosas… y los niños, niñas y jóvenes leen porque tienen preguntas.

      “En la infancia y en la juventud esto es particularmente claro, porque además se les niegan muchas veces las respuestas. Y muchos llegan a la lectura,  a veces porque el mundo adulto no les responde. La literatura infantil también sirve para escapar del mundo adulto y de las injusticias.  

      “Los niños están en la periferia social, no tienen voz ni voto; sí hacemos espacios de participación, pero en general están en el margen y son personajes secundarios de las sociedades adultas: deben esperar la orden y el permiso. La literatura es un espacio de libertad privilegiada para ellos”.  

     ―Ser niño en un país como México actualmente no ha de ser cosa fácil. Su libro El dragón blanco y otros personajes olvidados fue retomado por la Secretaría de Educación Pública para ser distribuido en las escuelas primarias públicas de la Ciudad de México. ¿En su literatura hay un compromiso social? No solamente es el escritor y lo terapéutico que pueda ser la escritura, sino que (intuyo y noto), quizá usted también escribe para aportar algo socialmente.

     ―Yo creo que sí, también mi formación periodística tiene que ver en eso. No tengo intereses didácticos en lo que escribo, pero sí tengo intereses políticos como los tienen otros escritores. No creo que los niños sean esponjas, esperando mensajes para absorber, procesar y repetir; respeto mucho su propio criterio. Pero en las cosas que escribo asumo dos compromisos: por un lado, debo escribir la mejor literatura posible porque ellos son lectores de primera; el segundo compromiso es que, como ellos son lectores de primera, son capaces de entender y preguntarse acerca de fenómenos, problemáticas y situaciones como Ayotzinapa y el terrorismo de Estado.

      “Sí me preocupa que en mi literatura se aborden temas de la realidad; me gusta el género fantástico pero busco aproximarme desde un lugar que los respete como lectores que están conscientes de lo que pasa a su alrededor. En El dragón blanco y otros personajes olvidados hay cuentos de hadas, y mucha gente dice que es fantasía y no tiene nada que ver con la realidad; yo creo que sí: leamos las cosas fantásticas para entender nuestra realidad.

      “Ahora mismo estoy trabajando en un libro sobre Ayotzinapa, tengo otro proyecto sobre una niña de una comunidad popoluca en Veracruz. Lo hago no para cubrir una agenda política vigente, pero sí para cubrir mis preocupaciones como persona y mi contexto: hablo de lo que leo, hablo de lo que vivo… y en entre eso que leo y vivo, trato de reflejar y transmitirles a ellos sin censura, eso que estoy viendo y leyendo. Sin poner filtros, diminutivos ni adjetivos dulces porque son niños y hay que tratarlos con mucho cuidado. Todos queremos protegerlos, pero una cosa es garantizarles ciertos derechos y otra cosa es escribir cosas ñoñas que a ellos no les interesan. Me asumo como un escritor comprometido socialmente”.

 

Ilustración de La suerte del dragón blanco y otros personajes olvidados

“Quiero habitar esos mundos…”

―Dos puntos finales, Adolfo. El primero, usted ha vivido en varios países en el extranjero, ¿cuál sería la diferencia acerca de cómo se trata a los niños en ciertos países en comparación con México?

     ―Es una pregunta interesante y difícil. Hay muchas particularidades, siento que en Argentina y Chile, que son países en donde he estado y a los cuales he vuelto, los niños ocupan un lugar mucho más central. Han desarrollado más espacios de escucha a las infancias, todo esto con los matices que requiere. Sin ir muy lejos, la revuelta más reciente en Chile fue iniciada por jóvenes… en esos países hay mucha más participación. En España y Alemania, en donde estuve haciendo algunas estancias de investigación, siento que todavía hay algunas prácticas más conservadores con respecto a la infancia; existe muy buena producción editorial, y además buenas iniciativas del desarrollo de la cultura infantil y juvenil, pero también hay prácticas un poco arcaicas.

      “En México, en términos de literatura infantil somos punta de lanza, estamos creando muchos nuevos libros, escribiendo y proyectando a esos escritores hacia el exterior. Me parece que todavía hace falta profesionalizar mucho a la gente que hace álbum ilustrado, libro-álbum, no hay tanto de eso si pensamos en literatura infantil y juvenil.

      “En la literatura estamos bien, pero con respecto a la cultura infantil siento que todavía nos hace falta más camino por recorrer. Los niños siguen siendo muy periféricos, todavía nos hace falta crear más espacios de escucha y participación; no quiero ser pesimista, pues siento que estamos viviendo un buen momento para tal literatura”.  

     ―¿Qué cree que diría el niño que usted fue si pudiera leer lo que escribe actualmente dirigido al público infantil?

     ―Espero que se sintiera inspirado y dijera: “Quiero vivir ahí, quiero habitar esos mundos, quiero crear esos personajes, quiero escribir algún día…”  Esperaría que reafirmara su gusto por escribir y ser parte de este mundo de la literatura.

     ―¿Y los niños qué le dicen cuando se encuentran con sus libros y ante el autor que es usted?

     ―Son experiencias muy bonitas. Me hacen preguntas muy específicas sobre los personajes y los destinos de los mismos… algunos me han dicho que se divirtieron mucho, que mi libro les hizo sentir acompañados. Me han dicho, por ejemplo, que también tenían curiosidad y eran fanáticos de los personajes secundarios que retomé en El dragón blanco y otros personajes olvidados; en el caso de Jomshuk. Niño y Dios maíz (2019), me dicen que conocen otras historias de tradición oral.

      “Muchas veces lo que recibo como retroalimentación es una puerta a otros libros. Me gusta cuando ellos hacen esta conexión con películas, otros libros, arte pictórico, obras de teatro, video juegos, hasta con memes… me gusta ver que mis libros provoquen cadenas de significados y los puedan relacionar con sus vidas, pero también con la cultura que los habita”.

 

Ilustración de Jomshuk niño y Dios maíz

NTX/MBS/VRP/JC

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