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2020-02-09   15:31:33   CULTURA
LITORAL: Tinta fresca

La odisea de investigar la historia del socialismo en México

Rastrear la historia del movimiento socialista en México puede significar una odisea, con datos procedentes de fuentes que pueden ser inconsistentes o hasta  contradictorios y que deben verificarse en afluentes que lo mismo se encuentran en el país o fuera de él, en otros idiomas, inclusive más allá del inglés y el francés. Así ha sido en el caso del médico de origen griego Plotino Constantino Rhodakanaty, una de las primeras figuras de la izquierda en el país, de quien se desconoce con certeza su fecha y lugar exacto de nacimiento, aunque su muerte ha sido establecida en la medianoche del 2 de febrero de 1890 en la Ciudad de México.
      El personaje habría nacido en Atenas entre 1833 y 1834, y tras la guerra de liberación contra los kurdos (1821-1829) su familia huyó y estableció estancias en varias ciudades europeas. Así, estudió medicina en la Universidad de Viena. El 1 de febrero de 1856 el gobierno mexicano emitió el decreto por el que se invitaba a extranjeros a establecerse en el país para formar colonias agrarias, de lo que sin duda se enteró, porque viajó a Barcelona para trasladarse a México, llegando al puerto de Veracruz a finales de febrero de 1861, de donde tomó camino enseguida a la capital del país, estableciéndose muy seguramente en las calles del hoy Centro Histórico.
      A su llegada al país, el médico homeópata cargaba ya con un bagaje amplio y asentado del socialismo, sobre todo el llamado primero o romántico, muy cercano a las ideas del francés Charles Fourier, padre del también llamado cooperativismo y del concepto de justicia social, con propuestas cercanas al anarquismo inicial, que marcaba que a cada quien se debía dar lo que correspondía a su esfuerzo y a su trabajo. Su estancia en varias ciudades europeas le hizo hablante de varias lenguas, entre ellas por supuesto el español.
      Ya en la Ciudad de México, donde abrió un consultorio médico en los mismos lugares donde vivió, se interesó en mejorar la situación de las capas bajas de la sociedad, principalmente de los obreros, que entonces por ejemplo cumplían largas y pesadas jornadas de trabajo y no tenían derecho a la huelga. Pero también se interesó en el caso de los pueblos indígenas y de las mujeres, a las que el ideario de Fourier consideraba igual que los hombres, con los mismos derechos.
      De esa forma, estableció un círculo de estudios y en 1871 a La Social, la primera agrupación con ideas de izquierda y que contaba con un periódico, nombrado La Internacional. Fue desde esas tribunas desde las cuaoes Rhodakanaty difundió sus ideas y buscó sumarse a las luchas de los trabajadores de la industria y del campo. Al mismo tiempo, hizo fuertes críticas a los pensamientos preponderantes de la época, el liberal y el conservador.
      Su influencia, no obstante, abarcó un círculo no muy amplio y su iniciativa prácticamente se perdió en la generación que siguió a su muerte. De su herencia intelectual pocos personajes de la izquierda supieron, siendo conocido apenas por José C. Valadés (1901-1976), historiador de ideas de izquierda, autor de varios textos sobre la Revolución Mexicana.
      El conocimiento de este personaje es básico para armar el entramado del movimiento comunista y socialista en México y el historiador Carlos Illades Aguiar, doctor por El Colegio de México, se ha dado a esa tarea en los últimos 25 años, con varios textos publicados y libros dedicados al tema. El más reciente es En los márgenes. Rhodakanaty en México, que acaba de ver la luz publicado por el Fondo de Cultura Económica (FCE).

TRAS LAS HUELLAS DE RHODAKANATY

En plática con Litoral, el historiador explica que recuperar la historia de personajes marginales como Rhodakanaty no es fácil, pero es un fenómeno que ocurre en todo el mundo cuando se trata de personajes así. En primero lugar, porque en general cuando se habla del siglo XIX se hace investigación sobre todo del liberalismo y del conservadurismo, pero muy poco de socialismo, y México no es la excepción.
      Su organización, La Social, no fue una muy poderosa, pero sí de una conciencia clara de lo que había que hacer en el país para mejorarlo. Por ejemplo, plantea que había que dar la tierra a los campesinos, no exactamente para establecer comunas sino como una forma de acabar con los latifundios en el país. Llama la atención su preocupación por el caso de las comunidades originarias y por las mujeres, que pocos pensadores atendían, y por supuesto por los obreros.
      Al cambiar las cosas como lo proponía Rhodakanaty, continúa, en México se conseguiría lo que en ese tiempo se llamaba una justicia distributiva, lo que significaba que se acabara con la desigualdad y que a cada quien se le entregara lo que correspondía al trabajo desempeñado, a su esfuerzo.
      Si bien el grupo La Social fue pequeño, sus ideas sí generaron reacciones por parte de los círculos intelectuales dominantes de manera que trataron con temor a los círculos socialistas. Como lo provocó el comunismo en el momento de su aparición en Europa, fue mayor el número de quienes reaccionaron en contra que los que participaban de estas ideas en México. No dejaron de hacer evidente su temor de lo que podía pasar en México si las personas con ideas socialistas se asociaban con las clases desposeídas.
      Illades Aguiar aclara que aunque su legado se perdió pronto y entre los especialistas hubo poco interés por él en la primera mitad del siglo XX, la situación cambió en la segunda, pero sobre todo por las ideas dominantes de entonces respecto a cómo lograr una mejora en las condiciones de las capas bajas de la sociedad mexicana.
      Sobre el trabajo que ha debido realizar para sacar a la luz a este personaje de la historia del movimiento socialista en México, acota que se debe a que hay pocos testimonios de su actividad política o de sus ideas o se encuentran en archivos que no son públicos. Es decir, la falta de fuentes de investigación es lo que ha mantenido en la sombra a gente como Rodakhanaty, a quien Carlos Illades considera el fundador de las ideas socialistas en México.
      También se debe tener en cuenta que se trata de un personaje que no acaparaba la escena pública, ni los medios de comunicación o la academia, en la que pensaba abrir la primera clase de psicología en México, en la Escuela Nacional Preparatoria. Recuerda que en 2002 había publicado otro libro dedicado al personaje, pero debido a nuevos datos relevantes de su última etapa de vida, que provocan una nueva lectura historiográfica, le llevó a reescribirlo y que resultó en su nueva publicación, aparecida en la colección Breviarios del FCE en 2019.
      “Es un proceso mucho más complejo ocuparse de personajes marginales”, señala quien ha dedicado los últimos 25 años a esta línea de investigación, de sus abanderados y momentos representativos, con la idea de aclarar la historia del socialismo en México desde hace 150 años. No ha sido fácil, pero cuando ve los resultados en libros como este, de una edición muy bien cuidada, da gusto hacerlo hecho, porque además contribuye con otras corrientes del saber.

NTX/RML/LIT19

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